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El Gaucho

Todas las costumbres de la cultura argentina para américa y el mundo...















 

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En las pilchas del gaucho se ve el amor de la china.

Vinito, sagrado elemento. ¿Qué hacés afuera? Metete adentro.

 

 

MÁXIMAS PARA MI HIJA

Máximas para mi hija. 1825

Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican

Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese :

  1. Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos.
  2. Inspirarla amor a la verdad, y odio a la mentira.
  3. Inpirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
  4. Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
  5. Respeto sobre la propiedad ajena.
  6. Acostumbrarla a guerdar un secreto.
  7. Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.
  8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.
  9. Que hable poco y lo preciso.
  10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa..
  11. Amor al aseo y desprecio al lujo.
    Inspirarla amor por la Patria y por la libertad.

 

Visitante Nº102387

 

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MARTÍN FIERRO

José Hernández autor del Martín Fierro

 

El Gaucho Martin Fierro

Capitulo 1:

        Aquí me pongo a cantar
        Al compás de la vigüela,
        que el hombre que lo desvela
        una pena estrordinaria,
        como la ave solitaria
        con el cantar se consuela.

        Pido a los santos del cielo
        que ayuden mi pensamiento:
        les pido en este momento
        que voy a cantar mi historia
        me refresquen la memoria
        y aclaren mi entendimiento.

        Vengan santos milagrosos,
        vengan todos en mi ayuda
        que la lengua se me añuda
        y se me turba la vista;
        pido a mi Dios que me asista
        en una ocasión tan ruda.

        Yo he visto muchos cantores,
        con famas bien otenidas
        y que despues de alquiridas
        no las quieren sustentar:
        parece que sin largar
        se cansaron en partidas.

        Mas ande otro criollo pasa
        Martin Fierro ha de pasar;
        nada lo hace recular
        ni las fantasmas lo espantan,
        y dende que todos cantan
        yo tambien quiero cantar.

        Cantando me he de morir,
        cantando me han de enterrar
        y cantando he de llegar
        al pie del eterno Padre;
        dende el vientre de mi madre
        vine a este mundo a cantar.

        Que no se trabe mi lengua
        ni me falte la palabra;
        el cantar mi gloria labra
        y, poniéndomé a cantar,
        cantando me han de encontrar
        aunque la tierra se abra.

        Me siento en el plan de un bajo
        a cantar un argumento;
        como si soplara el viento
        hago tiritar los pastos.
        Con oros, copas y bastos
        juega alli mi pensamiento.

        Yo no soy cantor letrao
        mas si me pongo a cantar
        no tengo cuándo acabar
        y me envejezco cantando:
        las coplas me van brotando
        como agua de manantial.

        Con la guitarra en la mano
        ni las moscas se me arriman;
        naides me pone el pie encima,
        y, cuando el pecho se entona,
        hago gemir a la prima
        y llorar a la bordona.

        Yo soy toro en mi rodeo
        y torazo en rodeo ajeno;
        siempre me tuve por güeno
        y si me quieren probar,
        salgan otros a cantar
        y veremos quién es menos

        No me hago al lao de la güeya
        aunque vengan degollando;
        con los blandos yo soy blando
        y soy duro con los duros,
        y ninguno en un apuro
        me ha visto andar tutubiando.

        En el peligro !qué Cristos!
        el corazón se me enancha,
        pues toda la tierra es cancha,
        y de eso naides se asombre;
        el que se tiene por hombre
        ande quiera hace pata ancha.

        Soy gaucho, y entiéndaló
        como mi lengua lo esplica:
        para mi la tierra es chica
        y pudiera ser mayor;
        ni la víbora me pica
        ni quema mi frente el sol.

        Nací como nace el peje
        en el fondo de la mar;
        naides me puede quitar
        aquello que Dios me dio:
        lo que al mundo truje yo
        del mundo lo he de llevar.

        Mi gloria es vivir tan libre
        como el pájaro del cielo;
        no hago nido en este suelo
        ande hay tanto que sufrir,
        y naides me ha de seguir
        cuando yo remuento el vuelo.

        Yo no tengo en el amor
        quien me venga con querellas;
        como esas aves tan bellas
        que saltan de rama en rama,
        yo hago en el trébol mi cama,
        y me cubren las estrellas.

        Y sepan cuantos escuchan
        de mis penas el relato
        que nunca peleo ni mato
        sino por necesidá
        y que a tanta alversidá
        sólo me arrojó el mal trato.

        Y atiendan la relación
        que hace un gaucho perseguido,
        que padre y marido ha sido
        empeñoso y diligente,
        y sin embargo la gente
        lo tiene por un bandido

Capitulo 2:

        Ninguno me hable de penas,
        porque yo penado vivo,
        y naides se muestre altivo
        aunque en el estribo esté,
        que suele quedarse a pie
        el gaucho mas alvertido.

        Junta esperencia en la vida
        hasta pa dar y prestar
        quien la tiene que pasar
        entre sufrimiento y llanto;
        porque nada enseña tanto
        como el sufrir y el llorar.

        Viene el hombre ciego al mundo,
        cuartiándolo la esperanza,
        y a poco andar ya lo alcanzan
        las desgracias a empujones;
        ! la pucha, que trae liciones
        el tiempo con sus mudanzas!

        Yo he conocido esta tierra
        en que el paisano vivía
        y su ranchito tenía
        y sus hijos y mujer...
        era una delicia el ver
        cómo pasaba sus días.

        Entonces... cuando el lucero
        brillaba en el cielo santo,
        y los gallos con su canto
        nos decían que el día llegaba,
        a la cocina runbiaba
        el gaucho... que era un encanto.

        Y sentao junto al jogón
        a esperar que venga el día,
        al cimarrón se prendía
        hasta ponerse rechoncho,
        mientras su china dormía
        tapadita con su poncho.

        Y apenas la madrugada
        empesaba a coloriar,
        los pájaros a cantar
        y las gallinas a apiarse,
        era cosa de largarse
        cada cual a trabajar.

        Este se ata las espuelas,
        se sale el otro cantando,
        uno busca un péllon blando,
        éste un lazo, otro un rebenque,
        y los pingos relinchando
        los llaman dende el palenque.

        El que era pion domador
        enderezaba al corral,
        ande estaba el animal
        bufidos que se las pela ...
        y mas malo que su agüela
        se hacía astillas el bagual.

        Y alli el gaucho inteligente,
        en cuanto el potro enriendó,
        los cueros le acomodó
        y se le sentó en seguida
        que el hombre muestra en la vida
        la astucia que Dios le dió.

        Y en las playas corcoviando
        pedazos se hacía el sotreta
        mientras él por las paletas
        le jugaba las lloronas
        y al ruido de las caronas
        salía haciendo gambetas.

        !Ah,tiempos!... !Si era un orgullo
        ver jinetear un paisano!
        cuando era gaucho baquiano,
        aunque el potro se boliase,
        no habia uno que no parase
        con el cabresto en la mano.

        Y mientras domaban unos,
        otros al campo salían
        y la hacienda recogían,
        las manadas repuntaban,
        y ansí sin sentir pasaban
        entretenidos el día.

        Y verlos al cair la tarde
        en la cocina riunidos,
        con el juego bien prendido
        y mil cosas que contar,
        platicar muy divertidos
        hasta después de cenar.

        Y con el buche bien lleno
        era cosa superior
        irse en brazos del amor
        a dormir como la gente,
        pa empezar el día siguiente
        las fainas del día anterior.

        Ricuerdo !qué maravilla!
        cómo andaba la gauchada
        siempre alegre y bien montada
        y dispuesta pa el trabajo...
        pero hoy en día...!barajo!
        no se la ve de aporriada.

        El gaucho más infeliz
        Tenía tropilla de un pelo,
        no le faltaba un consuelo
        y andaba la gente lista...
        teniendo al campo la vista,
        solo vía hacienda y cielo.

        Cuando llegaban las yerras,
        !cosa que daba calor!
        tanto gaucho pialador
        y tironiador sin yel.
        !Ah, tiempos... pero si en él
        se ha visto tanto primor!

        Aquello no era trabajo,
        mas bien era una junción,
        y después de un güen tirón
        en que uno se daba mana,
        pa darle un trago de cana
        solía llamarlo el patrón.

        Pues vivía la mamajuana
        siempre bajo la carreta,
        y aquel que no era chancleta,
        en cuanto el goyete vía,
        sin miedo se le prendía
        como güerfano a la teta.

        !Y qué jugadas se armaban
        cuando estábamos riunidos!
        siempre íbamos prevenidos,
        pues en tales ocasiones
        a ayudarle a los piones
        caiban muchos comedidos.

        Eran los días del apuro
        y alboroto pa el hembraje,
        pa preparar los potajes
        y osequiar bien a la gente,
        y así, pues, muy grandemente,
        pasaba siempre el gauchaje.

        Vení,a la carne con cuero,
        la sabrosa carbonada,
        mazamorra pien pisada,
        los pasteles y el güen vino...
        pero ha querido el destino
        que todo aquello acabara.

        Estaba el gaucho en su pago
        con toda siguridá,
        pero aura... !barbaridá!,
        la cosa anda tan fruncida,
        que gasta el pobre la vida
        en juir de la autoridá.

        Pues si usté pisa en su rancho
        y si el alcalde lo sabe,
        lo caza lo mesmo que ave
        aunque su mujer aborte...
        !No hay tiempo que no se acabe
        ni tiento que no se corte!.

        Y al punto dése por muerto
        si el alcalde lo bolea,
        pues ahí nomas se le apea
        con una felpa de palos;
        y despues dicen que es malo
        el gaucho si los pelea.

        Y el lomo le hinchan a golpes,
        y le rompen la cabeza,
        y luego con ligereza,
        ansí lastimao y todo,
        lo amarran codo a codo
        y pa el cepo lo enderiezan.

        Ahi comienzan sus desgracias,
        ahi principia el pericón,
        porque ya no hay salvación,
        y que usté quiera o no quiera,
        lo mandan a la frontera
        o lo echan a un batallón.

        Ansí empezaron mis males
        lo mesmo que los de tantos;
        si gustan... en otros cantos
        les diré lo que he sufrido:
        despues que uno está... perdido
        no lo salvan ni los santos.

Capitulo 3:

        Tuve en mi pago en un tiempo
        hijos, hacienda y mujer,
        pero empecé a padecer,
        me echaron a la frontera,
        ¡Y que iba a hallar al volver!
        tan solo allé la tapera.

        Sosegao vivía en mi rancho
        como el pájaro en su nido,
        allí mis hijos queridosa
        iban creciendo a mi lao...
        sólo queda al desgraciao
        lamentar el bien perdido.

        Mi gala en las pulperías
        era, en habiendo mas gente,
        ponerme medio caliente,
        pues cuando puntiao me encuentro
        me salen coplas de adentro
        como agua de la virtiente.

        Cantando estaba una vez
        en una gran diversión,
        y aprovecho la ocasión
        como quiso el Juez de Paz...
        se presentó, y ahi nomás
        hizo arriada en montón.

        Juyeron los más matreros
        y lograron escapar:
        yo no quise disparar,
        soy manso y no había porqué,
        muy tranquilo me quedé
        y ansi me dejé agarrar

        Allí un gringo con un órgano
        y una mona que bailaba,
        haciéndonos rair estaba,
        cuanto le tocó el arreo,
        ¡tan grande el gringo y tan feo,
        lo viera cómo lloraba!.

        Hasta un inglés zanjiador
        que decía en la última guerra
        que él era de Inca-la-perra
        y que no queria servir,
        tambien tuvo que juir
        a guarecerse en la sierra.

        Ni los mirones salvaron
        de esa arriada de mi flor,
        fué acoyarao el cantor
        con el gringo de la mona,
        a uno solo, por favor,
        logró salvar la patrona.

        Formaron un contingente
        con los que del baile arriaron,
        con otros nos mesturaron,
        que habían agarrao también,
        las cosas que aquí se ven
        ni los diablos las pensaron.

        A mí el Juez me tomó entre ojos
        en la ultima votación:
        me le había hecho el remolón
        y no me arrimé ese día,
        y él dijo que yo servía
        a los de la esposición.

        Y ansí sufrí ese castigo
        tal vez por culpas ajenas,
        que sean malas o sean güenas
        las listas, siempre me escondo:
        yo soy un gaucho redondo
        y esas cosas no me enllenan.

        Al mandarnos nos hicieron
        mas promesas que a un altar,
        el Juez nos jué a proclamar
        y nos dijo muchas veces:
        muchachos, a los seis meses
        los van a ir a relevar.

        Yo llevé un moro de número
        ¡sobresaliente el matucho!
        con él gané en Ayacucho
        mas plata que agua bendita:
        siempre el gaucho necesita
        un pingo pa fiarle un pucho.

        Y cargué sin dar mas güeltas
        con las prendas que tenía:
        jergas, ponchos, todo cuanto había
        en casa, tuito lo alcé:
        a mi china la dejé
        medio desnuda ese día.

        No me falta una guasca
        -esa ocasión eche el resto-,
        bozal,maniador, cabresto,
        lazo, bolas y manea...
        ¡el que hoy tan pobre me vea
        tal vez no creerá todo esto!.

        Ansí en mi moro, escarciando,
        enderecé a la frontera.
        ¡Aparcero si uste viera
        lo que se llama cantón!...
        ni envidia tengo al ratón
        en aquella ratonera.

        De los pobres que allí había
        a ninguno lo largaron,
        los más viejos rezongaron,
        pero a uno que se quejó
        en seguida lo estaquiaron,
        y la cosa se acabó.

        En la lista de la tarde
        el jefe nos cantó el punto
        diciendo: -Quinientos juntos
        llevará el que se resierte;
        lo haremos pitar del juerte,
        mas bien dése por dijunto-.

        A naides le dieron armas,
        pues toditas las que había
        el Coronel las tenía,
        sigun dijo esa ocasión,
        pa repartirlas el día
        en que hubiera una invasión.
        al principio nos dejaron
        de haraganes criando sebo,
        pero después... no me atrevo
        a decir lo que pasaba...
        ¡barajo!... si nos trataban
        como se trata a malevos.

        Porque todo era jugarle
        por los lomos con la espada,
        y aunque usté no hiciera nada,
        lo mesmito que en palermo,
        le daban cada cepiada
        que lo dejaban enfermo.

        !Y que indios, ni que servicio;
        si allí no había ni cuartel!
        nos mandaba el Coronel
        a trabajar en sus chacras,
        y dejábamos las vacas
        que las llevara el infiel.

        Yo primero sembré trigo
        y después hice un corral,
        corté adobe pa un tapial,
        hice un quincho, corté paja...
        ¡la pucha que se trabaja
        sin que le larguen un rial!.

        Y es lo pior de aquel enriedo
        que si uno anda hinchando el lomo
        se le apean como un plomo...
        ¡quién aguanta aquel infierno!
        si eso es servir al gobierno,
        a mi no me gusta el cómo.

        Más de un año nos tuvieron
        en esos trabajos duros;
        y los indios, le asiguro
        dentraban cuando querían:
        como no los perseguían,
        siempre andaban sin apuro.

        A veces decía al volver
        del campo la descubierta
        que estuvieramos alerta,
        que andaba adentro la indiada,
        porque había una rastrillada
        o estaba una yegua muerta.

        Recién entonces salía
        la orden de hacer la riunión,
        y caibamos al cantón
        en pelos y hasta enancaos,
        sin armas, cuatro pelaos
        que ibamos a hacer jabón.

        Ahi empezaba el afán
        -se entiende, de puro vicio-
        de enseñarle el ejercicio
        a tanto gaucho recluta,
        con un estrutor... ¡que... bruta!
        que nunca sabía su oficio.

        Daban entonces las armas
        pa defender los cantones,
        que eran lanzas y latones
        con ataduras de tiento...
        las de juego no las cuento
        porque no había municiones.

        Y un sargento chamuscao
        me contó que las tenían
        pero que ellos la vendían
        para cazar avestruzes;
        y asi andaban noche y día
        déle bala a los ñanduses.

        Y cuando se iban los indios
        con lo que habían manotiao,
        salíamos muy apuraos
        a perseguirlos de atrás;
        si no se llevaban más
        es porque no habían hallao.

        Allí sí, se ven desgracias
        y lágrimas y afliciones;
        naides le pida perdones
        al indio: pues donde dentra,
        roba y mata cuanto encuentra
        y quema las poblaciones.

        No salvan de su juror
        ni los pobres angelitos;
        viejos, mozos y chiquitos
        los mata del mesmo modo:
        que el indio lo arregla todo
        con la lanza y con gritos.

        Tiemblan las carnes al verlo
        volando al viento la cerda,
        la rienda en la mano izquierda
        y la lanza en la derecha;
        ande enderieza habre brecha
        pues no hay lanzazo que pierda.

        Hace trotiadas tremendas
        desde el fondo del desierto;
        ansí llega medio muerto
        de hambre, de sé y de fatiga;
        pero el indio es una hormiga
        que día y noche esta despierto.

        Sabe manejar las bolas
        como naides las maneja;
        cuanto el contrario se aleja,
        manda una bola perdida,
        y si lo alcanza, sin vida
        es siguro que lo deja.

        Y el indio es como tortuga
        de duro para espichar;
        si lo llega a destripar
        ni siquiera se le encoge;
        luego sus tripas recoge,
        y se agacha a disparar.

        hacían el robo a su gusto
        y después se iban de arriba;
        se llevaban las cautivas,
        y nos contaban que a veces
        les descarnaban los pieces,
        a las pobrecitas, vivas.

        ¡Ah! ¡si partía el corazón
        ver tantos males, canejo!
        los perseguíamos de lejos
        sin poder ni galopiar;
        ¡y qué habíamos de alcanzar
        en unos vichocos viejos!

        nos volvíamos al cantón
        a las dos o tres jornadas,
        sembrando las caballadas;
        y pa que alguno la venda,
        rejuntábamos la hacienda
        que habían dejao rezagada.

        Una vez entre otras muchas,
        tanto salir al botón,
        nos pegaron un malón
        los indios y una lanciada,
        que la gente acobardada
        quedó dende esa ocasión.

        Habían estao escondidos
        aguaitando atrás de un cerro...
        ¡lo viera a su amigo Fierro
        aflojar como un blandito!
        salieron como maiz frito
        en cuanto sonó un cencerro.

        Al punto nos dispusimos
        aunque ellos eran bastantes;
        la formamos al instante
        nuestra gente, que era poca,
        y golpiándose en la boca
        hicieron fila adelante.

        Se vinieron en tropel
        haciendo temblar la tierra.
        no soy manco pa la guerra
        pero tuve mi jabón,
        pues iba en un redomón
        que habia boleao en la sierra.

        ¡Que vocerío! ¡Que barullo!
        ¡que apurar esa carrera!
        la indiada todita entera
        dando alaridos cargó,
        ¡jue pucha!... y ya nos sacó
        como yeguada matrera.

        ¡Que fletes traiban los bárbaros!
        ¡como una luz de ligeros!
        hicieron el entrevero
        y en aquella mezcolanza,
        este quiero, éste no quiero,
        nos escogían con la lanza.

        Al que le daban un chuzazo,
        dificultoso es que sane.
        En fin, para no echar panes,
        salimos por esas lomas,
        lo mesmo que las palomas
        al juir de los gavilames.

        ¡Es de almirar la destreza
        con que la lanza manejan!
        de perseguir nunca dejan,
        y nos traiban apretaos.
        ¡Si queríamos, de apuraos,
        salirnos por las orejas!

        Y pa mejor de la fiesta
        en esa aflición tan suma,
        vino un indio echando espuma,
        y con la lanza en la mano,
        gritando: -Acabáu critiano,
        metáu el lanza hasta el pluma.

        Tendido en el costillar,
        cimbrando por sobre el brazo
        una lanza como un lazo,
        me atropelló dando gritos:
        si me descuido... el maldito
        me levanta de un lanzazo.

        Si me atribulo o me encojo,
        siguro que no me escapo:
        siempre he sido medio guapo,
        pero en aquella ocasión
        me hacia buya el corazón
        como la garganta al sapo.

        Dios le perdone al salvaje
        las ganas que me tenía...
        desaté las tres marías
        y lo engatusé a cabriolas...
        ¡pucha...! si no traigo bolas
        me achura el indio ese día.

        Era el hijo de un cacique,
        sigun yo lo averigüé;
        la verdá del caso jué
        que me tuvo apuradazo,
        hasta que por fin de un bolazo
        del caballo lo bajé.

        Ahi no más me tiré al suelo
        y lo pisé en las paletas;
        empezó a hacer morisquetas
        y a mezquinar la garganta...
        pero yo hice la obra santa
        de hacerlo estirar la jeta.

        Allí quedó de mojón
        y en su caballo salté;
        de la indiada disparé,
        pues si me alcanza me mata,
        y al fin me les escapé,
        con el hilo de una pata.

Capitulo 4:

        Seguiré esta relación,
        aunque pa chorizo es largo:
        el que pueda hágase cargo
        como andaría de matrero,
        después de salvar el cuero
        de aquel trance tan amargo.

        Del sueldo nada les cuento,
        porque andaba disparando;
        nosotros de cuando en cuando
        solíamos ladrar de pobres:
        nunca llegaban los cobres
        que se estaban aguardando.

        Y andábamos de mugrientos
        que el mirarnos daba horror;
        les juro que era un dolor
        ver esos hombres,!por cristo!
        en mi perra vida he visto
        una miseria mayor.

        Yo no tenía ni camisa
        ni cosa que se parezca;
        mis trapos solo pa yesca
        me podían servir al fin...
        no hay plaga como un fortín
        para que el hombre padesca.

        Poncho, jergas, el apero,
        las prenditas, los botones,
        todo, amigo, en los cantones
        jué quedando poco a poco;
        ya me tenían medio loco
        la pobreza y los ratones.

        Sólo una manta peluda
        era cuanto me quedaba
        la había agenciao a la tabla
        y ella me tapaba el bulto;
        yaguané que alli ganaba
        no salía... ni con indulto.

        y pa mejor hasta el moro
        se me jué de entre las manos;
        no soy lerdo... pero, hermano,
        vino el Comendante un día
        diciendo que lo quería
        -pa enseñarle a comer grano..-

        Afigúrese cualquiera
        la suerte de este su amigo,
        a pie y mostrando el umbligo,
        estropiao, pobre y desnudo;
        ni por castigo se pudo
        hacerse más mal conmigo.

        ansí pasaron los meses,
        y vino el año siguiente,
        y las cosas igualmente
        siguieron del mesmo modo:
        adrede parece todo
        pa atormentar a la gente.

        No teníamos mas permiso,
        ni otro alivio la gauchada,
        que salir de madrugada,
        cuando no habia indio ninguno,
        campo ajuera a hacer boliadas
        desocando los reyunos.

        Y cáibamos al cantón
        con los fletes aplastaos,
        pero a veces medio aviaos
        con plumas y algunos cueros,
        que pronto con el pulpero
        los teníamos negociaos.

        Era un amigo del jefe
        que con un boliche estaba;
        yerba y tabaco nos daba
        por la pluma de avestruz,
        y hasta le hacía ver la luz
        al que un cuero le llevaba.

        Solo tenía cuatro frascos
        y unas barricas vacías,
        y a la gente le vendía
        todo cuanto precisaba...
        algunos creiban que estaba
        allí la proveduría.

        ¡Ah, pulpero habilidoso!
        nada le solia faltar.
        ¡ahijuna!, para tragar
        tenía un buche de ñandú;
        la gente le dió en llamar
        -el boliche de virtú.-

        Aunque es justo que quien vende
        algún poquito muerda,
        tiraba tanto la cuerda
        que, con sus cuatro limetas
        el cargaba las carretas
        de plumas, cueros y cerda.

        Nos tenía apuntaos a todos
        con más cuentas que un rosario,
        cuando se anunció un salario
        que iban a dar, o un socorro;
        pero sabe Dios qué zorro
        se lo comió al Comisario;

        Pues nunca lo vi llegar,
        y al cabo de muchos días
        en la mesma pulpería
        dieron una güena cuenta,
        que la gente muy contenta
        de tan pobre recibia.

        Sacaron unos sus prendas,
        que las tenían empeñadas;
        por sus deudas atrasadas
        dieron otros el dinero;
        al fin de fiesta el pulpero
        se quedó con la mascada.

        Yo me arrescosté a un horcón
        dando tiempo a que pagaran,
        y poniendo güena cara
        estuve haciéndome el poyo,
        a esperar que me llamaran
        para recibir mi boyo.

        Pero ahi me puede quedar
        pegao pa siempre al horcón,
        ya era casi la oración
        y ninguno me llamaba;
        la cosa se me ñublaba
        y me dentró comezón.

        Pa sacarme el entripao
        vi al Mayor, y lo fí a hablar;
        yo me lo empecé a atracar,
        y como con poca gana
        le dije:--Tal vez mañana
        acabarán de pagar.-

        -¡Que mañana ni otro dia!-,
        al punto me contestó:
        -la paga ya se acabó;
        ¡siempre has de ser animal!-
        me rai y le dije:-Yo...
        no he recebido ni un rial.-

        Se le pusieron los ojos
        que se le querían salir,
        y ahi no más volvió a decir
        comiéndome con la vista:
        -y que querés recibir
        si no has dentrao en la lista?-

        -Esto sí que es amolar-,
        dije yo pa mis adentros;
        -van dos años que me encuentro
        y hasta aura he visto ni un grullo;
        dentro en todos los barullos
        pero en las listas no dentro.-

        Vide el plaito mal parao
        y no quise aguardar más...
        es güeno vivir en paz
        con quien nos ha de mandar;
        y reculando pa atrás
        me le empecé a retirar.

        Supo todo el Comendante
        y me llamó al otro día,
        diciéndome que quería
        aviriguar bien las cosas...
        que no era el tiempo de Rosas,
        que aura a naides se debía.

        Llamó al cabo y al sargento
        y empezó la indagación:
        si había venido al cantón
        en tal tiempo o en tal otro...
        y si había venido en potro,
        en reyuno o redomón.

        Y todo era alborotar
        al ñudo, y hacer papel;
        conocí que era pastel
        pa engordar con mi guayaca;
        más si voy al Coronel
        me hacen bramar en la estaca.

        ¡Ah, hijos de una...! ¡la codicia
        ojala les ruempa el saco!
        ni un pedazo de tabaco
        le dan al pobre soldao,
        y lo tienen, de delgao,
        más ligero que un guanaco.

        Pero qué iba a hacerles yo,
        charabón en el desierto;
        más bien me daba por muerto
        pa no verme más fundido:
        y me les hacía el dormido
        aunque soy medio despierto.

Capitulo 5:

        Yo andaba desesperao,
        aguardando una ocasión
        que los indios un malón
        nos dieran, y entre el estrago
        hacérmeles cimarrón
        y volverme pa mi pago.

        Aquello no era servicio
        ni defender la frontera;
        aquello era ratonera
        en que sólo gana el juerte:
        era jugar a la suerte
        con una taba culera.

        Allí tuito va al revés;
        los milicos son los piones,
        y andan en las poblaciones
        emprestaos pa trabajar;
        los rejuntan pa peliar
        cundo entran indios ladrones.

        Yo he visto en esa milonga
        muchos Jefes con estancia,
        y piones en abundancia,
        y majadas y rodeos;
        he visto negocios feos
        a pesar de mi inorancia.

        Y colijo que no quieren
        la barunda componer;
        para eso no ha de tener,
        el Jefe que esté de estable,
        mas que su poncho y su sable,
        su caballo y su deber.

        Ansina, pues, conociendo
        que aquel mal no tiene cura,
        que tal vez mi sepoltura
        si me quedo iba a encontrar,
        pensé mandarme mudar
        como cosa más sigura.

        Y pa mejor, una noche
        ¡que estaquiada me pegaron!
        casi me descoyuntaron
        por motivo de una gresca:
        ¡ahijuna, si me estiraron
        lo mesmo que guasca fresca!

        Jamás me puedo olvidar
        lo que esa vez me pasó;
        dentrando una noche yo
        al fortín, un enganchao,
        que estaba medio mamao,
        allí me desconoció.

        Era un gringo tan bozal,
        que nada se le entendía,
        ¡quién sabe de ande sería!
        tal vez no juera cristiano,
        pues lo único que decía
        es que era pa-po-litano.

        Estaba de centinela
        y por causa del peludo
        verme más claro no pudo,
        y esa jué la culpa toda:
        el bruto se asustó al ñudo
        y fí el pavo de la boda.

        Cuando me vido acercar:
        -quien vivore...?- preguntó;
        -que viboras?-, dije yo.
        -¡Ha garto!-, me pegó el grito,
        y yo dije despacito:
        -¡mas lagarto seras vos!-

        Ahi no más, ¡Cristo me valga!,
        rastrillar el jusil siento:
        me agaché, y en el momento
        el bruto me largó un chumbo;
        mamao, me tiró sin rumbo,
        que si no, no cuento el cuento.

        Por de contao, con el tiro
        se alborotó el avispero;
        los Oficiales salieron
        y se empezo la junción;
        quedo en su puesto el nación,
        y yo fí al estaquiadero.

        Entre cuatro bayonetas
        me tendieron en el suelo;
        vino el mayor medio en pedo
        y allí se puso a gritar:
        -¡pícaro, te he de enseñar
        andar reclamando sueldos!-

        De las manos y las patas
        me ataron cuatro cinchones;
        les aguanté los tirones
        sin que ni un !ay! se me oyera,
        y al gringo la noche entera
        lo harté con mis maldiciones.

        Yo no sé porqué el gobierno
        nos manda aquí a la frontera
        gringada que ni siquiera
        se sabe atracar a un pingo.
        ¡si creerá al mandar un gringo
        que nos manda alguna fiera!

        No hacen más que dar trabajo,
        pues no saben ni ensillar;
        no sirven ni pa carniar:
        y yo he visto muchas veces
        que ni voltiadas las reses
        se les querían arrimar.

        Y lo pasan sus mercedes
        lengüetiando pico a pico
        hasta que viene un milico
        a servirles al asao...
        y eso sí, en lo delicaos,
        parecen hijos de rico.

        Si hay calor, ya no son gente;
        si yela, todos tiritan;
        si usté no les da, no pitan
        por no gastar en tabaco,
        y cuando pescan un naco
        uno al otro se lo quitan.

        Cuando llueve se acoquinan
        como perro que oye truenos.
        ¡Que diablos!, sólo son güenos
        pa vivir entre maricas,
        y nunca se andan con chicas
        para alzar ponchos ajenos.

        Pa vichar son como ciegos;
        no hay ejemplo de que entiendan,
        ni hay uno solo que aprienda,
        al ver un bulto que cruza,
        a saber si es avestruza,
        o si es jinete, o hacienda.

        Si salen a perseguir
        después de mucho aparato,
        tuitos se pelan al rato
        y va quedando el tendal:
        esto es como en un nidal
        echarle güevos a un gato.

Capitulo 7:

        De carta de más me vía
        sin saber a donde dirme;
        mas dijeron que era vago
        y entraron a perseguirme.

        Nunca se achican los males,
        van poco a poco creciendo,
        y ansina me vide pronto
        obligado a andar juyendo.

        No tenía mujer ni rancho
        y a más, era resertor;
        no tenía una prenda güena
        ni un peso en el tirador

        A mis hijos infelices
        pensé volverlos a hallar,
        y andaba de un lao al otro
        sin tener ni que pitar.

        Supe una vez por desgracia
        que habia un baile por allí,
        y medio desesperao
        a ver la milonga fuí.

        Riunidos al pericón
        tantos amigos hallé,
        que alegre de verme entre ellos
        esa noche me apedé.

        Como nunca, en la ocasión
        por peliar me dió la tranca.
        y la emprendí con un negro
        que trujo una negra en ancas.

        Al ver llegar la morena,
        que no hacía caso de naides,
        le dije con la mamúa:
        -Va...ca...yendo gente al baile.

        La negra entendió la cosa
        y no tardó en contestarme,
        mirándome como a un perro:
        -Mas vaca será su madre.-

        Y dentró al baile muy tiesa
        con más cola que una zorra,
        haciendo blanquiar los dientes
        lo mesmo que mazamorra.

        -!Negra linda!-... dije yo.
        -Me gusta... pa la carona-;
        y me puse a champurriar
        esta coplita fregona:

        -A los blancos hizo Dios,
        a los mulatos San Pedro,
        a los negros hizo el diablo
        para tizón del infierno.-

        Había estao juntando rabia
        el moreno dende ajuera;
        en lo escuro le brillaban
        los ojos como linterna.

        Lo conocí retobao,
        me acerqué y le dije presto:
        -Po...r...rudo que un hombre sea
        nunca se enoja por esto.

        Corcovió el de los tamangos
        y creyéndose muy fijo:
        -!Mas porrudo seras vos,
        gaucho rotoso!-, me dijo.

        Y ya se me vino al humo
        como a buscarme la hebra,
        y un golpe le acomodé
        con el porrón de ginebra.

        Ahi nomás pegó el de hollín
        mas gruñidos que un chanchito,
        y pelando el envenao
        me atropelló dando gritos.

        Pegué un brinco y abrí cancha
        diciéndoles: -Caballeros,
        dejen venir ese toro.
        solo nací... solo muero.

        El negro, después del golpe,
        se había el poncho refalao
        y dijo: -Vas a saber
        si es solo o acompañado.

        Y mientras se arremangó,
        yo me saqué las espuelas,
        pues malicié que aquel tío
        no era de arriar con las riendas.

        No hay cosa como el peligro
        pa refrescar un mamao;
        hasta la vista se aclara
        por mucho que haiga chupao.

        El negro me atropelló
        como a quererme comer;
        me hizo dos tiros seguidos
        y los dos le abarajé.

        Yo tenía un facon con S,
        que era de lima de acero;
        le hice un tiro, lo quitó
        y vino ciego el moreno;

        Y en el medio de las aspas
        un planazo le asenté,
        que lo largue culebriando
        lo mesmo que buscapié.

        Le coloriaron las motas
        con la sangre de la herida,
        y volvió a venir jurioso
        como una tigra parida.

        Y ya me hizo relumbrar
        por los ojos el chchillo,
        alcanzando con la punta
        a cortarme en un carrillo.

        Me hirvió la sangre en las venas
        y me le afirmé al moreno,
        dándole de punta y hacha
        pa dejar un diablo menos.

        Por fin en una topada
        en el cuchillo lo alcé,
        y como un saco de güesos
        contra un cerco lo largué.

        Tiró unas cuantas patadas
        y ya cantó pal carnero:
        nunca me puedo olvidar
        de la agonía de aquel negro.

        En esto la negra vino
        con los ojos como ají
        y empezó la pobre allí
        a bramar como una loba.
        yo quise darle una soba
        a ver si la hacía callar,
        mas pude reflesionar
        que era malo en aquel punto,
        y por respeto al dijunto
        no la quise castigar.

        Limpié el facón en los pastos,
        desate mi redomón,
        monté despacio y salí
        al tranco pa el catilde;nadon.

        Después supe que al finao
        ni siquiera lo velaron,
        y retobao en un cuero,
        sin rezarle lo enterraron.

        Y dicen que dende entonces,
        cuando es la noche serena
        suele verse una luz mala
        como de alma que anda en pena.

        Yo tengo intención a veces,
        para que no pene tanto,
        de sacar de allí los gutilde;esos
        y echarlos al camposanto.

        Capitulo 8:

              Otra vez en un boliche
              estaba haciendo la tarde;
              cayó un gaucho que hacia alarde
              de guapo y peliador;
              a la llegada metió
              el pingo hasta la ramada,
              y yó sin decirle nada
              me quedé en el mostrador.

              Era un terne de aquel pago
              que naides lo reprendía,
              que sus enriedos tenía
              con el señor comendante;
              y como era protegido,
              andaba muy entonao,
              y a cualquier desgraciao
              lo llevaba por delante.

              !Ah pobre! si el mismo creiba
              que la vida le sobraba;
              ninguno diría que andaba
              aguaitandolo la muerte.
              pero ansí pasa en el mundo,
              es ansí la triste vida:
              pa todos esta escondida
              la güena o la mala suerte.

              Se tiró al suelo; al dentrar
              e dio un empellon a un vasco,
              y me alargó un medio frasco
              diciendo: -Beba cuñao.-
              -Por su hermana-, contesté.
              -Que por la mia no hay cuidao.-

              -!Ah, gaucho!, me respondió;
              -De que pago será crioyo?
              lo andará buscando el hoyo?
              deberá tener gutilde;en cuero?
              pero ande bala este toro
              no bala ningún ternero.

              Y ya salimos trenzaos
              porque el hombre no era lerdo,
              mas como el tino no pierdo,
              y soy medio ligerón,
              le dejé mostrando el sebo
              de un revez con el facón.

              Y como con la justicia
              no andaba bien por allí,
              cuanto pataliar lo ví,
              y el pulpero pegó el grito,
              ya pa el palenque salí
              como haciendome chiquito.

              Monté y me encomendé a Dios,
              rumbiando para otro pago,
              que el gaucho que llaman vago
              no puede tener querencia,
              y ansí de estrago en estrago
              vive llorando la ausencia.

              El andaba siempre juyendo,
              siempre pobre y perseguido,
              no tiene cueva ni nido
              como si juera maldito;
              porque el ser gaucho... !barajo!,
              el ser gaucho es un delito.

              Es como el patrio de posta;
              lo larga este, aquel lo toma,
              nunca se acaba la broma;
              dende chico se parece
              al arbolito que crece
              desamparao en la loma.

              Le echan la agua del bautismo
              aquel que nació en la selva;
              -busca madre que te envuelva-,
              le dice el flaire y lo larga.
              y dentra a cruzar el mundo
              como burro con la carga.

              Y se cria viviendo al viento
              como oveja sin trasquila;
              mientras su padre en las filas
              anda sirviendo al gobierno,
              aunque tirite en invierno,
              naides lo ampara ni asila.

              Le llaman -gaucho mamao-
              si lo pillan divertido,
              y que es mal entretenido
              si en un baile lo sorprienden;
              hace mal si se defiende
              y si nó, se ve... fundido.

              No tiene hijos ni mujer,
              ni amigos ni protetores,
              pues todos son sus señores
              sin que ninguno lo ampare:
              tiene la suerte del güey,
              y donde irá el güey que no are?

              Su casa es el pajonal,
              su guarida es el desierto;
              y si de hambre medio muerto
              le echa el lazo a algun mamóm,
              lo persiguen como a plaito,
              porque es un gaucho ladrón.

              Y si de un golpe por ahi
              lo dan güelta panza arriba,
              no hay un alma compasiva
              que le rece una oración;
              tal vez como cimarrón
              en una cueva lo tiran.

              El nada gana en la paz
              y es el primero en la guerra;
              no le perdonan si yerra,
              que no saben perdonar,
              porque el gaucho en esta tierra
              solo sirve pa votar.

              Para el son los calabozos,
              para el las duras prisiones,
              en su boca no hay razones
              aunque la razon le sobre;
              que son campanas de palo
              las razones de los pobres.

              Si uno aguanta, es gaucho bruto;
              si no aguanta es gaucho malo.
              !dele azote, dele palo,
              porque es lo que el necesita!
              de todo el que nació gaucho
              esta es la suerte maldita.

              Vamos suerte, vamos juntos
              dende que juntos nacimos;
              y ya que juntos vivimos
              sin podernos dividir...
              yo abriré con mi cuchillo
              el camino pa seguir.

        Capitulo 9:

              Matreriando lo pasaba
              ya a las casas no venía;
              solía arrimarme de día,
              mas, lo mesmos que el carancho,
              siempre estaba sobre el rancho
              espiando a la polecía.

              Viva el gaucho que ande mal,
              como zorro perseguido,
              hasta que al menor descuido
              se lo atarasquen los perros,
              pues nunca le falta un yerro
              al hombre mas alvertido.

              Y en esa hora de la tarde
              en que tuito se adormece,
              que el mundo dentrar parece
              a vivir en pura calma,
              con las tristezas del alma
              al pajonal enderiece.

              Bala el tierno corderito
              al lao de la blanca oveja,
              y a la vaca que se aleja
              llama el ternero amarrao;
              pero el gaucho desgraciao
              no tiene a quien dar su oveja.

              Ansí es que al venir la noche
              iba a buscar mi guarida,
              pues ande el tigre se anida
              tmbién el hombre lo pasa,
              y no quería que en las casas
              me rodiara la partida.

              Pues aun cuando vengan ellos
              cumpliendo con su deberes,
              yo tengo otros pareceres,
              y en esa conduta vivo:
              que no debe un gaucho altivo
              peliar entre las mujeres.

              Y al campo me iba solito,
              más matrero que el venao,
              como perro abandonao
              a buscar una tapera,
              o en alguna vizcachera
              pasar la noche tirao.

              Sin punto ni rumbo fijo
              en aquella inmensidá,
              entre tanta escuridá
              anda el gaucho como duende;
              alli jamás lo sorpriende
              dormido, la autoridá.

              Su esperanza es el coraje,
              su guardia es la precaución,
              su pingo es la salvación,
              y pasa uno en su desvelo,
              sin más amparo que el cielo
              ni otro amigo que el facón.
              ..............................

              Ansí me hallaba una noche
              contemplando las estrellas,
              que le parecen más bellas
              cuanto uno es más desgraciao,
              y que Dios las haiga criao
              para consolarse en ellas.

              Les tiene el hombre cariño
              y siempre con alegría
              ve salir las Tres Marías;
              que si llueve, cuanto escampa,
              las estrellas son la guía
              que el gaucho tiene en la pampa.

              Aqui no valen dotores,
              sólo vale la esperiencia;
              aquí verían su inocencia
              esos que todo lo saben,
              porque esto tiene otra llave
              y el gaucho tiene su cencia.

              Es triste en medio del campo
              pasarse noches enteras
              contemplando en sus carreras
              las estrellas que Dios cría,
              sin tener mas compañía
              que su delito y las fieras.

              Me encontraba como digo,
              en aquella soledá,
              entre tanta escuridá,
              echando al viento mis quejas,
              cuando el grito del chajá
              me hizo parar las orejas.

              Como lunbriz me pegué
              al suelo para escuchar;
              pronto sentí retumbar
              las pisadas de los fletes,
              y que eran muchos jinetes
              conocí sin vacilar.

              Cuando el hombre está en peligro
              no debe tener confianza;
              ansí tendido de panza
              puse toda mi atención
              y ya escuche sin tardanza
              como el ruido de un latón.

              Se venían tan calladitos
              que yo me puse en cuidao;
              tal vez me hubieran bombiao
              y ya me venían a buscar;
              mas no quise disparar,
              que eso es de gaucho morao.

              Al punto me santigüé
              y eché de giñebra un taco;
              lo mesmito que el mataco
              le arroyé con el porrón;
              -si han de darme pa tabaco-,
              dije,-ésta es güena ocasión-.

              Me refalé las espuelas,
              para no peliar con grillos;
              me arremangué el calzoncillo,
              y me ajusté bien la faja,
              y en una mata de paja
              probé el filo del cuchillo.

              Para tenerlo a la mano
              el flete en el pasto até,
              la cincha le acomodé,
              y, en un trance como aquél,
              haciendo espaldas en él
              quietito los aguardé.

              Cuando cerca los sentí,
              y que ahi no más se pararon,
              los pelos se me erizaron
              y,aunque nada vían mis ojos,
              -no se han de morir de antojo-,
              les dije, cuando llegaron.

              Yo quise hacerles saber
              que alli se hallaba un varón;
              les conocí la intención
              y solamente por eso
              es que les gané el tirón,
              sin aguardar voz de preso.

              -Vos sos un gaucho matrero-
              dijo uno, haciéndose el güeno.
              -Vos mataste un moreno
              y otro en una pulpería,
              y aquí está la polecía
              que viene a ajustar tus cuentas;
              te va alzar por las cuarenta
              si te resistís hoy día.

              -No me vengan-, contesté,
              -con relación de dijuntos;
              esos son otros asuntos;
              vean si me pueden llevar,
              que yo no me he de entregar,
              aunque vengan todos juntos-.

              Pero no aguardaron más
              y se apiaron en montón;
              como a perro cimarrón
              me rodiaron entre tantos;
              ya me encomendé a los Santos,
              y eche mano a mi facón.

              Y ya vide el fogonazo
              de un tiro de garabina,
              mas quiso la suerte indina
              de aquel maula, que me errase,
              y ahi no más lo levantase
              lo mesmo que una sardina.

              A otro que estaba apurao
              acomodando una bola,
              le hice una dentrada sola
              y le hice sentir el fierro,
              y ya salió como el perro
              cuando le pisan la cola.

              Era tanta la aflición
              y la angurria que venían,
              que tuitos se me venían,
              donde yo los esperaba;
              uno al otro se estorbaba
              y con las ganas no vían.

              Dos de ellos que traiban sables
              mas garifos y resueltos,
              en las hilachas envueltos
              enfrente se me pararon,
              y a un tiempo me atropellaron
              lo mesmo que perros sueltos.

              Me fuí reculando en falso
              y el poncho adelante eché,
              y en cuanto le puso el pie
              uno medio chapetón,
              de pronto le di un tirón
              y de espaldas lo largué

              Al verse sin compañero
              el otro se sofrenó;
              entonces le dentré yo,
              sin dejarlo resollar,
              pero ya empezó a aflojar
              y a la pu...n...ta disparó.

              Uno que en una tacuara
              hbía atao una tijera,
              se vino como si juera
              palenque de atar terneros,
              pero en dos tiros certeros
              salió aullando campo ajuera.
              Por suerte en aquel momento
              venía coloriando el alba
              y yo dije: -Si me salva
              la Virgen en este apuro,
              en adelante le juro
              ser más güeno que una malva-.

              Pegué un brinco y entre todos
              sin miedo me entreveré;
              hecho ovillo me quedé
              y ya me cargo una yunta,
              y por el suelo la punta
              de mi facón les jugué.

              El más engolosinao
              se me apió con un hachazo;
              se lo quité con el brazo;
              de no, me mata los piojos;
              y antes de uqe diera un paso
              le eché tierra en los dos ojos.

              Y mientras se sacudiá
              refregándose la vista,
              yo me le fuí como lista
              y ahi no más me le afirmé,
              diciéndole: -Dios te asista-,
              y de un revés lo voltié.

              Pero en ese punto mesmo
              sentí que por las costillas
              un sable me hacía cosquillas
              y la sangre me heló;
              dende ese momento yo
              me salí de mis casillas.

              Di para atrás unos pasos
              hasta que pude hacer pie;
              por delante me lo eché
              de punta y tajos a un criollo;
              metió la pata en un hoyo,
              y yo al hoyo lo mandé.

              Tal vez en el corazón
              le tocó un Santo bendito
              a un gaucho, que pegó el grito
              y dijo:-!Cruz no consiente
              que se cometa el delito
              de matar a un valiente!-

              Y ahi no más se me aparió,
              dentrándole a la partida;
              yo les hice otra embestida
              pues entre dos era robo;
              y el Cruz era como lobo
              que defiende su guarida.

              Uno despachó al infierno
              de dos que lo atropellaron;
              los demás remoliniaron,
              pues íbamos a la fija,
              y a poco andar dispararon
              lo mesmo que sabandija.

              Ahí quedaron largo a largo
              los que estiaron la jeta;
              otro iba como maleta,
              y Cruz de atrás les decia:
              -Que venga otra polecia
              a llevarlos en carreta-.

              Yo junté las osamentas,
              me hinqué y les recé un Bendito,
              hice una cruz de un palito
              y pedí a mi Dios clemente
              me perdonara el delito
              de haber muerto tanta gente.

              Dejamos amotonaos
              a los pobres que murieron;
              no sé si los recogieron,
              porque nos fuimos a un rancho,
              o si tal vez los caranchos
              ahi no más se los comieron.

              Lo agarramos mano a mano
              entre los dos al porrón:
              en semejante ocasión
              un trago a cualquiera encanta;
              y Cruz no era remolón
              ni pijotiaba garganta.

              Calentamos los gargueros
              y nos largamos muy tiesos,
              siguiendo siempre los besos
              al pichel, y por mas señas,
              ibamos como cigüeñas
              estirando los pescuezos.

              -Yo me voy-, le dije,-amigo,
              donde la suerte me lleve,
              y si es que alguno se atreve,
              a ponerse en mi camino,
              yo seguiré mi destino,
              que el hombre hace lo que debe.

              -Soy un gaucho desgraciao,
              no tengo donde ampararme,
              ni un palo donde rascarme,
              ni un árbol que me cubije:
              pero ni aun esto me aflige
              porque yo sé manejarme.

              -Antes de cair al servicio,
              tenia familia y hacienda;
              cuando volví, ni la prenda
              me la habian dejao ya.
              Dios sabe en lo que vendrá
              a parar esta contienda.

        Capitulo 10:

              C R U Z

              -Amigazo, pa sufrir
              an nacido los varones;
              estas son las ocasiones
              de mostrarse un hombre juerte,
              hasta que venga la muerte
              y lo agarre a coscorrones.

              El andar tan despilchao
              ningun mérito me quita;
              sin ser un alma bendita
              me duelo del mal ajeno:
              soy un pastel con relleno
              que parece torta frita.

              Tampoco me faltan males
              y desgracias, le prevengo;
              también mis desdichas tengo,
              aunque esto poco me aflige:
              yo se hacerme el chango rengo
              cuando la cosa lo esige.

              Y con algunos ardiles
              voy viviendo, aunque rotoso;
              a veces me hago el sarnoso
              y no tengo ni un granito,
              pero al chifle voy ganoso
              como panzón al maíz frito.

              A mí no me matan penas
              mientras tenga el cuero sano;
              venga el sol en el verano
              y la escarcha en el invierno
              por qué afligirse el cristiano?

              Hagámosle cara fiera
              a los males, compañero,
              porque el zorro más matrero
              suele cair como un chorlito;
              viene por un corderito
              y en la estaca deja el cuero.

              Hoy tenemos que sufrir
              males que no tienen nombre,
              pero esto a nadies lo asombre
              porque ansina es el pastel,
              y tiene que dar el hombre
              mas güeltas que un carretel.

              Yo nunca me he de entregar
              a los brazos de la muerte;
              arrastro mi triste suerte
              paso a paso y como pueda,
              que donde el débil se queda
              se suele escapar el juerte.

              Y ricuerde cada cual
              lo que cada cual sufrió,
              que lo que es, amigo, yo,
              hago ansí la cuenta mía:
              ya lo pasado pasó;
              mañana sera otro dia.

              Yo también tuve una pilcha
              que me enllenó el corazón,
              y si en aquella ocasión
              alguien me hubiera buscao,
              siguro que me había hallao
              más prendido que un botón.

              En la güeya del querer
              no hay animal que se pierda...
              las mujeres no son lerdas,
              y todo gaucho es dotor
              si pa cantarle al amor
              tiene que templar las cuerdas.

              !Quien es de una alma tan dura
              que no quiera una mujer!
              lo alivia en su padecer:
              si no sale calavera
              es la mejor compañera
              que el hombre puede tener.

              Si es güena, no lo abandona
              cuando lo ve desgraciao,
              lo asiste con su cuidao,
              y con afán cariñoso,
              y usté tal vez ni un rebozo
              ni una pollera le ha dao.

              !Grandemente lo pasaba
              con aquella prenda mía,
              viviendo con alegría
              como la mosca en la miel!
              !amigo, qué tiempo aquél!
              !la pucha, que la quería!

              Era la águila que a un árbol
              dende las nubes bajó;
              era mas linda que el alba
              cuando va rayando el sol;
              era la flor deliciosa
              que entre el trebolar creció.

              Pero, amigo, el Comendante
              que mandaba la milicia,
              como que no desperdicia
              se fué refalando a casa;
              yo le conocí en la traza
              que el hombre traiba malicia.

              El me daba voz de amigo,
              pero no le tenía fe;
              era el jefe, y ya se ve,
              no podía competir yo;
              en mi rancho se pegó
              lo mesmo que un saguaipé.

              A poco andar, conocí
              que ya me había desbancao,
              y el siempre muy entonao,
              aunque sin darme ni un cobre,
              me tenía de lao a lao
              como encomienda de pobre.

              A cada rato, de chasque
              me hacía dir a gran distancia;
              ya me mandaba a una estancia,
              ya al pueblo, ya a la frontera;
              pero él en la comendancia
              no ponía los pies siquiera.

              Es triste a no poder más
              el hombre en su padecer,
              si no tiene una mujer
              que lo ampare y lo consuele:
              mas pa que otro se la pele
              lo mejor es no tener.

              No me gusta que otro gallo
              le cacaree a mi gallina;
              yo andaba ya con la espina,
              hasta que en una ocasión
              lo pille junto al jogón
              abrazándome a la china.

              Tenía el viejito una cara
              de ternero mal lamido,
              y al verle tan atrevido
              le dije:-!Que le aproveche!...
              que había sido pa el amor
              como gaucho pa la leche.

              Peló la espalda y se vino
              como a quererme ensartar,
              pero yo sin tutubiar
              le volví al punto a decir:
              -!Cuidado!, no te vas a per...tigo;
              poné cuarta pa salir.

              Un puntazo me largó,
              pero el cuerpo le saqué,
              y en cuanto se lo quité,
              para no matar un viejo,
              con cuidado, medio de lejos
              un palazo le asenté.

              Y como nunca al que manda
              le falta algún adulón,
              uno que en esa ocasión
              se encontraba allí presente,
              vino apretando los dientes
              como perrito mamón.

              Me hizo un tiro de revuélver
              que el hombre creyó siguro;
              era confiado y le juro
              que cerquita se arrimaba,
              pero, siempre en un apuro
              se desentumen mis tabas.

              El me siguió menudiando
              mas sin poderme acertar,
              y yo, déle culebriar,
              hasta que al fin le dentré
              y ahi no más lo despaché
              sin dejarlo resollar.

              Dentré a campiar en seguida
              al viejito enamorao...
              el pobre se había ganao
              en un noque de lejía.
              !Quién sabe cómo estaría
              del susto que había llevao!

              !Es zonzo el cristiano macho
              cuando el amor lo domina!
              el la miraba a la indina,
              y una cosa tan jedionda
              sentí yo, que ni en la fonda
              he visto tal jedentina

              Y le dije:-Pa su agüela
              han de ser esas perdices.
              Yo me tapé las narices,
              y me salí esternudando,
              y el viejo quedó olfatiando
              como chico con lumbrices.

              Cuando la mula recula,
              señal que quiere cociar,
              ansí se suele portar
              aunque ella lo disimula;
              recula como la mula
              la mujer, para olvidar.

              Alcé mis ponchos y mis prendas
              y me largué a padecer
              por culpa de una mujer
              que quiso engañar a dos;
              al rancho le dije adiós,
              para nunca más vover.

              Las mujeres, dende entonces, conocí a todas en una;
              ya no he de probar fortuna
              con carta tan conocida:
              mujer y perra parida,
              !No se me acerca ninguna!.

         

         

Capitulo 11:

        A otros les brotan las coplas
        como agua de manantial;
        pues a mí me pasa igual;
        aunque las mías nada valen,
        de la boca se me salen
        como ovejas de corral.

        Que en puertiando la primera,
        ya la siguen los demás,
        y en montones las de atrás
        contra los palos se estrellan,
        y saltan y se atropellan
        sin que se corten jamás.

        Y anunque yo por mi inorancia
        con gran trabajo me esplico,
        cuando llego a abrir el pico,
        tengaló por cosa cierta,
        sale un verso y en la puerta
        ya asoma el otro el hocico.

        Y empresteme su atención;
        me oirá relatar las penas
        de que traigo la alma llena;
        porque en toda circustancia,
        paga el gaucho su inorancia
        con la sangre de sus venas.

        Despues de aquella desgracia
        me refugié en los pajales;
        anduve entre los cardales
        como bicho sin guarida;
        pero, amigo, es esa vida
        como vida de animales.

        Y son tantas las miserias
        en que me he salido ver,
        que con tanto padecer
        y sufrir tanta aflición,
        malicio que he de tener
        un callo en el corazón.

        Ansí andaba como guacho
        cuando pasa el temporal;
        supe una vez por mi mal
        de una milonga que había,
        y ya pa la pulpería
        enderece mi bagual.

        Era la casa del baile
        un rancho de mala muerte,
        y se enllenó de tal suerte
        que andabamos a empujones:
        nunca faltan encontrones
        cuando un pobre se divierte.

        Yo tenía unas medias botas
        con tamaños verdugones;
        me pusieron los talones
        con crestas como gallos:
        si viera mis afliciones
        pensando yo que eran callos!

        Con gato y con fandanguillo
        había empezado el changango,
        y para ver el fandango
        me colé haciendomé bola,
        mas metió el diablo la cola,
        y todo se volvió pango.

        Había sido el guitarrero
        un gaucho duro de boca:
        yo tengo paciencia poca
        pa aguantar cuando no debo;
        a ninguno me le atrevo,
        pero me halla el que me toca.

        A bailar un pericón
        con una moza salí,
        y cuanto me vido allí
        sin duda me conoció;
        y estas coplitas cantó
        como por rairse de mí:

        -Las mujeres son todas
        como las mulas;
        yo no digo que todas,
        pero hay algunas
        que a las aves que vuelan
        les sacan plumas.

        -Hay gauchos que presumen
        de tener damas;
        no digo que presumen,
        pero se alaban,
        y a lo mejor los dejan
        tocando tablas.

        Se secretiaron las hembras,
        y yo ya me encocoré;
        volié la anca y le grité:
        -!Dejá de cantar... chicharra!-
        y de un tajo a la guitarra
        tuitas las cuerdas corté.

        Al punto salió de adentro
        un gringo con un jusil;
        pero nunca he sido vil,
        poco el peligro me espanta;
        yo me refalé la manta
        y la eché sobre el candil.

        Gané en seguida la puerta
        gritando:-!Nadies me ataje!-
        y alborotado el hembraje,
        lo que todo quedo escuro,
        empezo a verse en apuro
        mesturao con el gauchaje.

        El primero que salió
        fué el cantor, y se me vino;
        pero yo no pierdo el tino
        aunque haiga tomao un trago,
        y hay algunos por mi pago
        que me tienen por ladino.

        No ha de haber achocao otro:
        le salió cara la broma;
        a su amigo cuando toma
        se le despeja el sentido,
        y el pobrecito habia sido
        como carne de paloma.

        Para prestar un socorro
        las mujeres no son lerdas:
        antes que la sangre pierda
        lo arrimaron a unas pipas;
        Ahi lo dejé con las tripas
        como pa que hiciera cuerdas.

        Monté y me largé a los campos
        mas libre que el pensamiento,
        como las nubes al viento
        a vivir sin paradero,
        que no tiene el que es matrero
        nido, ni rancho, ni asiento.

        No hay juerza contra el destino
        que le ha señalao el Cielo,
        y aunque no tenga consuelo,
        !aguante el que está en trabajo!
        !nadies se rasca pa abajo,
        ni se lonjea contra el pelo!

        Con el gaucho desgraciao
        no hay uno que no se entone
        !la menor falta lo espone
        a andar con los avestruces
        faltan otros con más luces
        y siempre hay quien los perdone

        Capitulo 12:

              Yo no sé qué tantos meses
              esta vida me duró;
              a veces nos obligó
              la miseria a comer potro:
              me había acompañao con otros
              tan desgraciaos como yo

              Mas para qué platicar
              sobre esos males, canejos ?
              nace el gaucho y se hace viejo,
              sin que mejore su suerte,
              hasta que por ahi la muerte
              sale a cobrarle el pellejo

              Pero como no hay desgracia
              que no acabe alguna vez,
              me aconteció que después
              de sufrir tanto rigor,
              un amigo, por favor,
              me compuso con el Juez.

              Le alvertiré que en mi pago
              ya no va quedando un criollo:
              se los ha tragao el hoyo,
              o juido o muerto en la guerra;
              porque, amigo, en esta tierra
              nunca se acaba el embrollo.

              Colijo que jué por eso
              que me llamó el Juez un día,
              y me dijo que quería
              hacerme a su lao venir,
              y que dentrase a servir
              de soldao de polecía.

              Y me largó una proclama
              tratandome de valiente;
              que yo era un hombre decente,
              y que dende aquel momento
              me nombraba de sargento
              pa que mandara la gente.

              Ansí estuve en la partida,
              pero ?qué había de mandar?
              anoche al irlo a tomar
              vide güena coyontura,
              y a mí no me gusta andar
              con la lata a la cintura.
              ..............................

              Ya conoce, pues, quién soy;
              tenga confianza conmigo:
              Cruz le dio mano de amigo,
              y no lo ha de abandonar;
              juntos podemos buscar
              pa los dos un mesmo abrigo.

              Andaremos de matreros
              si es preciso pa salvar;
              nunca nos ha de faltar
              ni un güen pingo pa juir,
              ni un pajal ande dormir,
              ni un matambre que ensartar.

              Y cuando sin trapo alguno
              nos haiga el tiempo dejao,
              yo le pediré emprestao
              el cuero a cualquiera lobo,
              y hago un poncho, si lo sobo,
              mejor que poncho engomao.

              Para mí la cola es pecho
              y el espinazo es cadera
              hago mi nido ande quiera
              y de lo que encuentro como;
              me echo tierra sobre el lomo
              y me apeo en cualquier tranquera.

              Y dejo rodar la bola,
              que algún día se ha de parar...
              tiene el gaucho que aguantar
              hasta que lo trague el hoyo,
              o hasta que venga algún criollo
              en esta tierra a mandar.

              Lo miran al pobre gaucho
              como carne de cogote:
              lo tratan al estricote
              y si ansí las cosas andan,
              porque quieren los que mandan,
              aguantemos los azotes.

              !Pucha! si usté los oyera,
              como yo en una ocasión
              tuita la conversación
              que con otro tuvo el Juez;
              le asiguro que esa vez
              se me achicó el corazon.

              Hablaban de hacerse ricos
              con campos en la fronteras,
              de sacarla más ajuera,
              donde habia campos baldidos
              y llevar de los partidos
              gente que la defendiera.

              Todos se güelven proyetos
              de colonias y carriles,
              y tirar la plata a miles
              en los gringos enganchaos,
              mientras al pobre soldao
              le pelan la cucha... !ah, viles!

              Pero si siguen las cosas
              como van hasta el presente,
              puede ser que redepente
              veamos el campo disierto,
              y blanquiando solamente
              los güesos de los que han muerto.

              Hace mucho que sufrimos
              la suerte reculativa
              trabaja el gaucho y no arriba
              porque a lo mejor del caso,
              lo levantan de un sogazo
              sin dejarle ni saliva.

              De los males que sufrimos
              hablan mucho los puebleros,
              pero hacen como los teros
              para esconder sus niditos:
              en un lao pegan los gritos
              y en otro tienen los güevos.

              Y se hacen los que no aciertan
              a dar con la coyontura:
              Mientras al gaucho lo apura
              con rigor la autoridá,
              ellos a la enfermedá
              le están errando la cura.

         

 

Capitulo 13:

        MARTIN FIERRO

        -Ya veo que somos los dos
        astillas del mesmo palo:
        yo paso por gaucho malo
        y usté anda del mesmo modo;
        y yo, pa acabarlo todo,
        a los indios me refalo.

        Pido perdón a mi Dios
        que tantos bienes me hizo,
        pero dende que es preciso
        que viva entre los infeles,
        yo seré cruel con los crueles:
        ansi mi suerte lo quiso.

        Dios formó lindas las flores,
        delicadas como son;
        le dió toda perfeción
        y cuanto él era capaz,
        pero al hombre le dió más
        cuando le dio el corazón.

        Le dió claridá a la luz,
        juerza en su carrera al viento,
        le dió vida y moviumiento
        dende la águila al gusano;
        pero más le dio al cristiano
        al darle el entendimiento.

        Y aunque a las aves les dió,
        con otras cosas que inoro,
        esos piquitos como oro
        y un plumaje como tabla
        le dió al hombre mas tesoro
        al darle una lengua que habla.

        Y dende que dio a las fieras
        esa juria tan inmensa,
        que no hay poder que las venza
        ni nada que las asombre,
        ?que menos le daría al hombre
        que el valor pa su defensa?.

        Pero tantos bienes juntos
        al darle, malicio yo
        que en sus adentros pensó
        que el hombre los precisaba
        que los bienes igualaba
        con las penas que le dió.

        Y yo empujao por las mías
        quiero salir de este infierno:
        ya no soy pichón muy tierno
        y sé manejar la lanza,
        y hasta los indios no alcanza
        la facultá de Gobierno

        Yo sé que allá los caciques
        amparan a los cristianos,
        y que los tratan de
        cuando se van por su gusto.
        !A qué andar pasando sustos...!
        alcemos el poncho y vamos.

        En la cruzada hay peligros,
        pero ni aun esto me aterra:
        yo ruedo sobre la tierra
        arrastrao por mi destino;
        y si erramos el camino...
        no es el primero que lo erra.

        Si hemos de salvar o no,
        de esto naides nos responde;
        derecho ande el sol se esconde
        tierra adentro hay que tirar;
        algun día hemos de llegar...
        despues sabremos a dónde.

        No hemos de perder el rumbo:
        los dos somos güena yunta.
        el que es gaucho ve ande apunta
        aunque inora ande se encuentra;
        pa el lao en que el sol se dentra
        pueblan los pastos la punta.

        De hambre no pereceremos,
        pues, sigún otros me han dicho,
        en los campos se hallan bichos
        de los que uno necesita...
        gamas, matacos, mulitas
        avestruces y quirquinchos.

        Cuando se anda en el desierto
        se come uno hasta las colas;
        lo han cruzao mujeres solas
        llegando al fin con salú,
        y ha de ser gaucho el ñandú
        que se escape de mis bolas.

        Tampoco a la sé le temo;
        yo la aguanto muy contento;
        busco agua olfatiando el viento
        y, dende que no soy manco,
        ande hay duraznillo blanco
        cavo, y la saco al momento.

        Allá habrá siguridá
        ya que aquí no la tenemos;
        menos males pasaremos
        y ha de haber grande alegría
        el día que nos descolguemos
        en alguna toldería.

        Fabricaremos un toldo,
        como lo hacen tantos otros,
        con unos cueros de potro,
        que sea sala y sea cocina.
        !Tal vez no falte una china
        que se apiade de nosotros!

        Allá no hay que trabajar,
        vive uno como un señor;
        de cuando en cuando un malón,
        y si de él sale con vida,
        lo pasa echao panza arriba
        mirando dar güelta el sol.

        Y ya que a juerza de golpes
        la suerte nos dejó a flus
        puede que allá veamos luz
        y se acaben nuestras penas:
        todas las tierras son güenas;
        vamosnós, amigo Cruz.

        El que maneja las bolas,
        el que sabe echar un pial
        y sentarsele a un bagual
        sin miedo de que lo baje,
        entre los mesmos salvajes
        no puede pasarlo mal.

        El amor como la guerra
        lo hace el criollo con canciones;
        a mas de eso en los malones
        podemos aviarnos de algo;
        en fin amigo, yo salgo
        de estas pelegrinaciones.

        En este punto el cantor
        buscó un porrón pa consuelo,
        echó un trago como un cielo,
        dando fin a su argumento;
        y de un golpe el instrumento
        lo hizo astillas contra el suelo.

        -Ruempo -dijo-, la guitarra,
        pa no volverme a tentar;
        ninguno la ha de tocar,
        por siguro tengaló;
        pues naides ha de cantar
        cuando este gaucho cantó.

        Y daré fin a mis coplas
        con aire de relación;
        nunca falta un preguntón
        más curioso que mujer,
        y tal vez quiera saber
        como jué la conclusión.

        Cruz y Fierro de una estancia
        una tropilla se arriaron;
        por delante se la echaron
        como criollos entendidos,
        y pronto sin ser sentidos
        por la frontera cruzaron.

        Y cuando la habían pasao,
        una madrugada clara
        le dijo Cruz que mirara
        las últimas poblaciones,
        y a Fierro dos lagrimones
        le rodaron por la cara.

        Y siguendo el fiel del rumbo
        se entraron en el desierto,
        no sé si los habrán muerto
        en alguna correría,
        pero espero que algun día
        sabré de ellos algo cierto.

        Y ya con estas noticias
        mi relacion acabé;
        por ser ciertas las conté,
        todas la desgracias dichas:
        es un telar de desdichas
        cada gaucho que usté ve.

        Pero ponga su esperanza
        en el dios que lo formó;
        y aquí me despido yo
        que he relatao a mi modo
        males que conocen todos,
        pero que naides contó.

-----------------------------------------------------------------------------------------

“MARTÍN FIERRO” EN GUARANÍ

Traducción por M.Ricardo Dacunda Díaz

§   

CAPÍTULO II

   MOCÖI -  HA PURAHEI

§§

Abavé o ñë-ë chéve yepî-apî-güi

Che yepî-apî háre che recové,

Ha abavé yererovú yehechacá

Oî-ro yepé yepîtasó-hápe

O ye pîtába yepé îbîrpi,

Gaucho o ñe maranduvéba.

§§

O mono-ö catupîrî tecové-pe

O me-ë pevé ha oîpurucá haguá

O güerecóba o hasä.

Yehasä-asî ha yahe-ó rehevé

Catú mba-evé o mbo-é hetavé,

Ha-éicha hasî-asî ha yahe-öba

§§§

Ou abá hesätü îbî Guazú-pe

O sambîhî i pî-á potá-pe

Ha i guatá miní-pe o hupîtîma

Pané-cuéra ñeguañá-me

Hóque o güerú porombo-éba

Ára-pe o yerovába.

§§§§

 

He-iséba Ñe-ë Guaraní:

Yepî-apî: Pena, penar

Yehasä-asî: Sufrimiento

Hupîtî: Alcanzar

 

 

M. Ricardo Dacunda Díaz  es el traductor de la monumental obra de José Hernández al idioma Guaraní. Estos versos son solo una muestra del trabajo de este historiador y maestro de la cultura nacional.

Dacunda Díaz es investigador de la raza guaraní, autor del Gran Diccionario de la Lengua Guaraní y miembro de la Academia Sanmartiniana.

ENLACES CON DICCIONARIOS

Araucano, Mapuche y Guaraní

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DIARIOS DEL MUNDO

www.theworldpress.com

 

 

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